miércoles, 30 de marzo de 2011

Las guerreras magicas

Una bella mañana  de abril, en el salón clase de tercer año de primaria sección A, la señorita Esperanza decide cambiar de sitio a los niños. Así fue como ponen el la misma carpeta a Lucy, que había crecido y ya no podía sentarse adelante;Marina, que ese año seguía chiquita y Anais, la nueva en el aula. Ese fue el inicio de la ventura de estas tres niñas.
Al inicio hubieron diferencias por las personalidades tan distintas y peleas no faltaron pero, poco a poco nació en ellas un gran cariño que fue creciendo con los años. Pasaron toda la primaria juntas, en la misma carpeta, tocando pandereta en  la banda del colegio, visitando Zefiro para pelear contra Zagato y salvar a la princesa Esmeralda y los atardeceres eran eternos sobre  el pasamanos camino a casa...

El tiempo transcurría lento, sin embargo la secundaria llego y con ella nuevos instrumentos musicales, nuevos amigos y una mala noticia que teñía de gris las tardes otoñales:Marina se iba de viaje con toda su familia
El verano del 2000 fue el mas triste y rápido, irreal porque la casa de Marina estaba llena de cajas y de amigos viniendo a despedirse. Las tres guerreras mágicas pasaban los días en silencio, viendo por ultima vez el cielo limeño sobre la azotea y escuchando música en el cuarto que decoraron juntas con cintas de colores y botellas de plástico.

Había fecha de partida, todo estaba listo, el carro en la puerta, las maletas en la mano y tres niñas que se miraban sin saber que decir... Tal vez así fue mejor, abrazarse y despedirse como siempre mientras intercambiaban muñecas, cartas para que lea en el avión y muchas sonrisas , fingiendo que todo iba a estar bien.

Ya pasaron once años y Marina no volvió, se convirtió en reína casándose con un griego, mientras Anais se queda hasta tarde haciendo inventarios y Lucy se divide entre las clase de comunicación (en donde la mandan 
a escribir en un blog) y el cine.

A las DiMeKe


domingo, 27 de marzo de 2011

La cuatro ojos


Un invierno, hace muchos años, a mis cortos catorce años empece a tener un ligero dolor de cabeza y algunos mareos que poco a poco fue agravándose a tal punto de ir al hospital creyendo que seria producto de un golpe en la cabeza que sufrí días atrás. Después de muchas placas y estudios, el medico de cabecera dijo las palabras que ni a mi mama ni a mi se nos habían cruzado por la cabeza: saque cita con el oculista.
.Hasta ese entonces estábamos seguras de que el medico se había confundido y todo era un malentendido que pronto se solucionaría, pero estando allí el medico, que era un señor malhumorado y con muchos aparatos extraños que de por si daban miedo, comenzó a hacer una serie de preguntas que yo conteste sin animo.
El doctor, luego de hacer una serie de cálculos, me invito a sentarme frente a una maquinita extraña en donde tenia que ver un paisaje a lo lejos que veía muy borroso por cierto. Luego abrió un maletín que tenia muchos lentes de diferente grosor y una montura de metal en donde los iba colocando haciendo medidas. Me senté frente a una pantalla en donde se veían letras de diferente tamaño y , poniéndome los lentes que había creado (parecían sacados de una película de Tim Burton) me dijo muy serio: lee hasta donde puedas.
Creo que fue el momento mas tenso de mi vida, por que el oculista no paraba de repetir muy fuerte: lee!. La verdad es que a mi me dolían los ojos del esfuerzo que hacia por ver las dichosas letritas que escapaban de mi comprensión porque no sabia si era m o n... hasta que ,probablemente luego de entender que en verdad no entendía nada, dijo que tenia una enfermedad incompresible para nosotras y que en pocas palabras necesitaba lentes urgente y de manera perenne, es decir, no podía quitármelos.
A mis catorce años y a pocos días de cumplir quince, era la peor noticia que me podían dar pero basto que el  chico que me guste diga que se me veía "linda" para que se me olvidara todo. Que puedo decir, a esa edad uno cree todo.

Ya pasaron muchos años de eso y la relación con mis lentes fue así, una relación propiamente dicha, con momentos felices y difíciles, ratos en que desaparecen por arte de magia y aparecen cuando mas los necesitaba y aunque hubieron cambios y algunas "rupturas" siempre estuvieron ahí para ayudarme a ver mas allá de mis narices.

Estos anteojos
estos lentes
como quieras llamarlos
no interesa
igual seguirán teniendo
el mismo significado
la misma característica
el artefacto que cobra vida
posado en mi nariz
como una mariposa
que con sus alas
frente a mis ojos
vuelve todo multicolor
tan distinto a cuando no están.
y su ausencia
borra mi mundo.

                        M. Mendoza.

jueves, 24 de marzo de 2011

Y la luz se apagó

Hace mucho años, una niña de 4 años tomaba lonche en la cocina mientras veía televisión, cuando de pronto todo quedo en silencio , en penumbra y solo se escuchaban ruidos de explosiones a lo lejos.Fue entonces cuando alguien encendió una vela y la miro a los ojos diciendo (con voz de mamá): quieres que te cuente un cuento?
Creo que así fue como empezó todo, en aquella lejana localidad en donde vivía y que ,de un momento a otro se convirtió en el principal blanco de los terroristas que abundaban en la época (inicios de los noventa aproximadamente) . Pero mas que recordarla como una época triste , la recuerdo pintoresca y llena de cosas que ahora parecen imposibles, como ver a unos hombres con la cara tapada regalar Coca-Cola de un contenedor por que iban a detonar un bomba, prepararnos un año nuevo para que de pronto todo se apague por que fallo el generador de electricidad o ver como pasaba a mi lado un hombre con metralleta. En ese entonces dormir con ruidos de balas era cosa de todos los días y aprender a divertirnos sin luz también.
Pero lo que hacia mamá fue mas allá, por que dibujaba figuras en la oscuridad con sus cuentos y podía ver ,claramente ,como la bruja preparaba la manzana bajo la luz de una vela para envenenar a la princesa... a los 4 años uno lo cree todo.
Por todo esto no fue raro que lo primero que quise aprender fuera  a leer y que en corto tiempo aprendiera de memoria un libro de cuentos rusos que papá me había regalado, pero cuando todavía era una analfabeta. 

Hace mas de veinte años de todo esto, pero debo confesar que el libro regalado sigue tanto en mi estante como en mi cabeza, recordándome veranos y tardes en las que solo quedaba imaginar.

Mecen a una niñita:
a la nana-nana,
duérmete , mi amor,
hasta la mañana!
                         
Kornéi Chukovski Cuentos